Tres travesías y poco más
Quintana Roo se recorre en barco más de lo que la mayoría espera. Tres travesías concentran casi todo el tráfico de pasajeros: Playa del Carmen a Cozumel, Chiquilá a Holbox y Puerto Juárez a Isla Mujeres. Ninguna dura más de cuarenta y cinco minutos, todas salen con frecuencia alta durante las horas de luz y ninguna necesita reserva anticipada salvo en Semana Santa o en la última semana de diciembre. Son transporte público, no excursiones, y funcionan con la lógica de un autobús urbano: se llega, se compra el billete en taquilla y se espera la siguiente salida.
Lo que cambia entre una travesía y otra es el mar que cruzan. El canal de Cozumel es profundo y abierto, y con viento del norte se mueve bastante; el trayecto a Holbox atraviesa una laguna somera y suele ser plano; el de Isla Mujeres es corto y queda parcialmente protegido. Esa diferencia explica por qué unas rutas venden bolsas para el mareo en el mostrador y otras no. También conviene saber que los horarios publicados se cumplen razonablemente bien, pero el último barco de la noche es el único que no admite improvisación: perderlo significa dormir donde no estaba previsto.
Playa del Carmen – Cozumel
El cruce de Playa del Carmen a Cozumel es el más transitado del país y también el más caro por minuto de navegación. Suele haber salidas aproximadamente cada hora desde primera hora de la mañana hasta las diez u once de la noche, repartidas entre dos navieras que comparten el mismo muelle del centro de Playa. La travesía dura entre treinta y cuarenta y cinco minutos según el barco y el estado del canal. El billete de ida y vuelta ronda los $25 – $45 USD (2025) y no compensa comprarlo por anticipado salvo en fechas señaladas.
El coche no hace falta en Cozumel para la mayoría de los planes, pero existe un ferry de vehículos que sale de Punta Venado, unos kilómetros al sur de Playa del Carmen, con pocas salidas al día y otra tarifa. Para quien sólo va a bucear, comer y volver, lo lógico es cruzar a pie y alquilar en la isla. En el muelle de Playa conviene contar quince minutos de cola en temporada alta, y bastante más si coincide la llegada de un crucero. La terminal está a pie de la Quinta Avenida, así que no hay traslado que organizar.
Chiquilá – Holbox
A Holbox se llega por Chiquilá, un pueblo pequeño al final de una carretera larga que no lleva a ningún otro sitio. Los barcos cruzan la laguna en veinte o treinta minutos y salen aproximadamente cada media hora desde las cinco o seis de la mañana hasta las nueve y media de la noche, con dos navieras alternándose en el mismo muelle. El billete de ida ronda los $6 – $12 USD (2025) y se compra en taquilla, sin reserva. Es la travesía más barata de las tres y también la más tranquila, porque el agua rara vez se mueve.
El coche se queda en Chiquilá, porque en la isla no circulan automóviles y sólo hay carritos de golf, motos y arena. Hay varios estacionamientos vigilados junto al muelle que cobran alrededor de $5 – $12 USD (2025) por día, se paga al recoger el vehículo y conviene guardar el resguardo. Quien llega en autobús desde Cancún o Mérida baja a doscientos metros del embarcadero. Lo que sí exige atención es la vuelta: el último barco sale con luz todavía en invierno, y quedarse en tierra firme con el alojamiento pagado en la isla es un error frecuente.
Puerto Juárez – Isla Mujeres
Isla Mujeres es la travesía más sencilla de las tres y la que menos se planifica. Los barcos salen de Puerto Juárez, en el norte de Cancún, cada media hora desde muy temprano hasta cerca de la medianoche, y el cruce dura entre veinte y veinticinco minutos. También hay salidas desde tres puntos de la zona hotelera, más cómodas si se duerme allí, pero más caras y más lentas porque bordean la laguna antes de salir a mar abierto. El billete de ida y vuelta desde Puerto Juárez suele costar $20 – $35 USD (2025) por persona.
Para llevar coche a la isla existe un ferry distinto que sale de Punta Sam, algo más al norte, con unas pocas salidas diarias y una travesía más lenta. Casi nadie lo necesita: la isla mide ocho kilómetros de largo y se recorre entera en carrito de golf o en taxi. Merece la pena saber que al muelle de Puerto Juárez se llega en autobús urbano o en taxi desde el centro de Cancún por muy poco dinero, y que a la salida de la terminal en la isla siempre hay más carritos que pasajeros esperando.
Equipaje, mareo y dónde sentarse
El equipaje no suele ser un problema en ninguna de las tres rutas. Las maletas se dejan en una zona común a la entrada del barco o en la cubierta inferior, sin etiqueta y sin cargo, y se recogen al bajar; en las salidas más llenas hay un mozo que las apila y espera propina. No hay límite práctico de peso, pero sí de sentido común: subir dos maletas grandes por una pasarela estrecha con oleaje es incómodo. Quien viaje a Holbox por unos días hará bien en llevar mochila, porque después del muelle vienen calles de arena.
El mareo sí merece una línea aparte, sobre todo en el canal de Cozumel entre noviembre y marzo, cuando entran los nortes. La regla de siempre funciona: cuanto más abajo y más al centro del barco, menos se nota el movimiento; la cubierta superior y las filas de proa son las peores. Si el estómago es delicado, conviene tomar algo media hora antes de embarcar y no después, comer poco y mirar al horizonte en vez de al teléfono. Las tripulaciones reparten bolsas sin que haya que pedirlas cuando el día viene movido, y eso ya dice bastante.
Los errores que se repiten
El error más caro no tiene que ver con el barco sino con el vuelo. Mucha gente reserva la salida de Cancún a mediodía estando en Cozumel o en Holbox, y el margen se le come el ferry, el traslado por carretera y el tráfico de la zona hotelera. Desde Cozumel hay que contar el cruce, más una hora larga hasta el aeropuerto; desde Holbox, la travesía más dos horas y media de carretera. La regla razonable es no volar el mismo día que se sale de una isla, y si no queda otra, tomar el primer barco de la mañana.
El segundo error es comprar los billetes fuera de la taquilla. En las tres terminales hay intermediarios que ofrecen paquetes con transporte, comida o descuentos a cambio de una presentación de noventa minutos en un hotel, y el ahorro real es pequeño o inexistente. El tercero es tratar el ferry como una excursión organizada: no lo es, no espera a nadie y no hay servicio de recogida. Y el cuarto, menos evidente, es reservar hotel en la isla llegando de noche sin haber comprobado la última salida, que en algunas rutas cambia según la temporada.
Lo que siempre preguntan
Seis preguntas que aparecen siempre antes de comprar el primer billete, respondidas con lo que se puede afirmar sin exagerar. Los horarios concretos cambian de una temporada a otra y de una naviera a otra, así que aquí se dan rangos y no minutos exactos; el tablón del muelle manda por encima de cualquier web, incluida esta. Lo que no cambia es la estructura: alta frecuencia durante el día, travesías cortas, billete en taquilla y una última salida nocturna que conviene mirar el mismo día en que se piensa volver. Con eso basta para moverse entre las tres islas sin sobresaltos.
Conviene añadir algo que no cabe en una respuesta corta. Las tres islas se pueden ver en el mismo viaje, pero no en el mismo día, y encadenarlas por carretera cuesta más tiempo del que parece en el mapa: de Cozumel a Chiquilá hay medio día largo entre barco, autobús y espera. Elegir dos y quedarse dos o tres noches en cada una funciona mucho mejor que intentar las tres a la carrera. El ferry es la parte fácil del plan; el traslado terrestre entre embarcaderos es la que realmente ocupa la jornada.