Tres presupuestos, sin trampa
Las cifras de esta página son de 2025, en dólares y por persona viajando en pareja, que es como cambia por completo la aritmética del alojamiento. Los tres presupuestos son reales y sostenibles durante dos o tres semanas seguidas: cuarenta y cinco dólares al día para quien duerme en hostal o en hotel muy sencillo y come en mercados; noventa y cinco para quien quiere habitación doble céntrica y cena fuera cada noche; doscientos para hotel con encanto, restaurantes de mantel y algún traslado privado.
Hay una advertencia que vale bastante más que las tres cifras juntas. México no es un país caro en absoluto, pero tiene bolsas de precio internacional muy concretas y bien delimitadas: la franja costera entre Playa del Carmen y Tulum, San Miguel de Allende, ciertos barrios de la capital y cualquier pueblo pequeño en la fecha exacta de su fiesta grande. En esos lugares, el presupuesto medio se comporta como el bajo y el alto apenas alcanza para lo que en otra ciudad sería normal.
Dormir: la partida que decide todo
El alojamiento se lleva entre el cuarenta y el sesenta por ciento del gasto diario y es lo único de todo el presupuesto que hay que decidir con tiempo. La buena noticia es que la horquilla mexicana es amplia y honesta: en una ciudad media del interior, una doble céntrica, limpia y agradable ronda los cincuenta y cinco dólares la noche, y por ciento veinte se duerme muy bien en prácticamente cualquier sitio del país que no esté en la costa caribeña o en San Miguel.
La diferencia entre ciudades es enorme y merece mirarse antes de repartir las noches en un calendario. Puebla, Mérida, Oaxaca, Morelia o Guanajuato son notablemente más baratas que la Ciudad de México, y muchísimo más baratas que la Riviera Maya. Reordenar un itinerario para dormir dos noches menos en la costa y dos más en el interior cambia el presupuesto total de forma significativa sin quitar absolutamente nada del viaje, porque las excursiones a la costa se pueden hacer igualmente desde una base más barata.
Comer: donde está el mejor precio del país
Comer bien en México cuesta muy poco si se come a la hora local y en los sitios donde come la gente que vive allí. Una comida corrida completa en el pasillo de fondas de un mercado cuesta entre cuatro y nueve dólares e incluye sopa, arroz, guisado, tortillas ilimitadas y agua fresca de fruta. Un desayuno de huevos, frijoles y café de olla ronda los cuatro dólares. Un puesto de tacos resuelve una cena entera por tres o cuatro. Ésa es la base sobre la que se construyen los tres presupuestos.
El salto de precio aparece con el restaurante de mantel, que es una categoría perfectamente legítima y en la que México tiene cocina de primerísimo nivel reconocida internacionalmente. Una cena con vino en un restaurante bueno de la capital o de Oaxaca ronda los cuarenta o sesenta dólares por persona, y los merece. La diferencia entre un presupuesto de cuarenta y cinco dólares y uno de doscientos casi nunca está en el desayuno ni en la comida: está en cuántas de esas cenas se hacen a la semana.
Moverse, entrar y visitar
El transporte es la partida más barata del presupuesto y la que menos gente calcula bien, casi siempre por exceso y con un margen amplio. La regla útil para autobuses de primera clase es de tres a cinco dólares por hora de trayecto, así que un viaje típico entre dos bases cuesta menos que una cena de restaurante. Dentro de las ciudades, alguien alojado en el centro gasta entre dos y seis dólares al día en metro, colectivos y algún taxi de aplicación por la noche.
Las entradas también son moderadas comparadas con las europeas, y eso permite ver mucho. Las zonas arqueológicas federales rondan los cinco dólares, con la excepción de las más visitadas, que suman una cuota estatal y llegan hasta los treinta y cinco. Los museos grandes están entre tres y ocho dólares y varios son gratuitos un día a la semana. Lo que sí encarece un día de golpe es la actividad organizada: una salida de buceo o un recorrido guiado se come el presupuesto de dos días enteros.
Dónde se dispara la cuenta
Hay cuatro lugares y dos mecanismos que rompen cualquier presupuesto, y conviene conocerlos todos antes de reservar nada. Los lugares son la franja costera de Playa del Carmen a Tulum, San Miguel de Allende, ciertos barrios de moda de la Ciudad de México y cualquier pueblo con una fiesta grande marcada en el calendario. En todos ellos los precios están fijados pensando en un visitante internacional y no en el mercado local, y la diferencia con la ciudad de al lado puede ser del triple.
Los dos mecanismos son financieros, silenciosos y perfectamente evitables. El primero es la comisión de los cajeros automáticos, que en México se cobra por operación y varía mucho de un banco a otro, así que conviene sacar cantidades grandes y pocas veces. El segundo es la conversión dinámica de divisa: cuando el datáfono o el cajero ofrece cobrar en la moneda de tu tarjeta en lugar de en pesos, el tipo de cambio aplicado es siempre peor. Se elige pesos, siempre y en todos los casos.
Los errores de presupuesto que se repiten
Casi nadie se pasa de presupuesto por comer o por moverse en este país; se pasa por dos cosas muy concretas y perfectamente identificables. La primera es concentrar demasiadas noches en las tres o cuatro zonas caras del país sin haber comparado antes con la ciudad de al lado. La segunda es acumular actividades organizadas sin llevar la cuenta: tres salidas guiadas en una misma semana cuestan más que el alojamiento entero de esa semana, y suelen solaparse entre sí.
Hay un tercer error que aparece siempre al final del viaje: no haber contado el vuelo interno ni los traslados al aeropuerto. Un itinerario que cruza el país entero suele incluir al menos un vuelo doméstico, y con equipaje facturado, asiento y traslados a los dos aeropuertos, eso son unos cien o ciento veinte dólares por persona que no estaban en la hoja de cálculo. Contarlo desde el principio evita la sensación de haber gastado más de lo previsto sin saber exactamente en qué.
Lo que siempre preguntan
Seis dudas concretas sobre dinero en México, respondidas con cifras recogidas en 2025 y sin las generalizaciones de foro que suelen circular. Están ordenadas de la más práctica a la más estratégica, y las dos últimas ayudan a decidir el mes y el reparto de noches, que son las dos decisiones que más peso tienen sobre el coste total del viaje, muy por encima de dónde se come o de cuántos museos se visitan.
Falta una pregunta que casi nadie hace y que cambia bastante el enfoque: si conviene llevar el presupuesto ajustado o dejar margen. La respuesta práctica es dejar entre un diez y un quince por ciento sin asignar. En México aparecen oportunidades que no estaban en el plan y que cuestan poco: una fiesta patronal en el pueblo de al lado, una salida de un día que alguien recomienda en el hotel, una noche extra donde no se quería marchar. Ese margen es lo que permite decir que sí.